sanar jiwon oak

Yo  he tenido muchos ataques de pánico durante un largo periodo en mi vida, el primero me dio cuando tenía 16 años. La verdad, como muchos lo viví como episodios aterradores donde creí que podría morir de manera inminente o estar experimentando síntomas de una enfermedad fatal, la primera  quedó descartada después de varios episodios, la segunda la verdad no, porque siempre me quedaba la duda de ¿qué tal si ahora sí era algo dramático?.

Tardé muchos años, de trabajo personal  para comprender, asimilar, dejar ir el miedo que me daba tener esos momentos, de tal manera que cuando me ocurrió el último ataque de pánico me encontraba sola en casa y mientras subía las escaleras me fui quedando sin aire y me fui desvaneciendo lentamente mientras sostenía mi mano en la pared y no podía evitar hacer bocanadas para jalar el aire en el piso, parecía que me estaba dando un ataque de  asma realmente eso parecía, mientras mi corazón latía con velocidad como si estuviera corriendo en un maratón, sabía que era un ataque de pánico y  aunque parecía que debía llamar a urgencias médicas, conocía tan  bien los síntomas de pe a pa que  simplemente no tuve miedo, porque sabía que pronto iba pasar y no iba morir ni mucho menos y el aire estaría ahí pronto, no pensé en el futuro sólo confié en mi cuerpo.

Cuando paso todo me quedé en el piso me levanté corrí a mi habitación y me vi al espejo mis ojos, mi cara estaba roja, me veía exaltada y agotada al mismo tiempo  y dije Ok NO TUVE MIEDO  y me invadió una emoción y lo  primero que pensé fue  que tenía que compartirlo y así surgió este post.

Obvio que para ese momento tuvo que haber muchos otros ataques e incluso un entrenamiento consciente de que estaba pasando por ataques de pánico y tenía que dejarlos hacer explosión en mi cuerpo.

Durante muchos años leí mucho sobre el funcionamiento de la ansiedad, el ataque de pánico, el cortisol (la hormona del estrés), el sistema nervioso y parasimpático, psicología, superación personal, psicoanálisis, Gestalt, psiquiatría, es más tomé terapia  y con el tiempo entendí consciente cómo funciona  el estrés el cual se acumula, crea un desgaste y desequilibrio y el cuerpo lo  asimila como peligro de forma”primitiva” como en la época prehistórica cuando los hombres percibían una amenaza y el cuerpo en su afán de protegerte manda señales, bombea más rápido la sangre, el corazón late más fuerte como consecuencia de esto, los sentidos se agudizan y se alistan  para atacar o huir por eso ocurren tantos síntomas raros, en efecto esto a grosso modo es un ATAQUE DE PÁNICO.

Lo malo es que  cuando volvía a tener el ataque así hubiesen pasado meses o casi años sin estos,  me volvía a dar pánico, miedo, terror y poco me servía todo lo anterior para apaciguar el miedo, porque por más consciencia que tuviera sobre estos episodios yo era la más temerosa y desconfiada, porque mi  mente subconsciente o sea mi mente emocional a la cual la razón no le importa un diablo,  seguía temiendo confiando poco o casi nada  y experimentando este episodio como una amenaza real.

Decidí hablar de ellos, porque el año pasado regresaron y tuve muchos más ataques de pánico que todos los que llegue a tener en épocas separadas desde los 16 años, y bueno este año me tomó por sorpresa porque creí que eso era algo viejo superado y bastante asimilado, pero en los meses de insomnio del 2017, para sumarle un reto extremo a mi vida  desarrollé ataques de pánico nocturnos  y bueno fue una auténtica pesadilla y a eso me refiero que mi preparación en el tema por años, mis años de terapia psicoanalítica, psiquiátrica, mis lecturas, los ejercicios del yoga y su sabiduría, eran nada cuando ya venía el infame.

Y luego sus compañeritos los síntomas, ya no me  servía el raciocinio ni el intelecto, mi concentración se volvía dispersa y  si lograba hacer ejercicios de respiración durante un minuto digamos que ya era un logro maestro por el miedo se había apoderado de mí, no había control mental ni de ningún tipo.

ACTO SEGUIDO ME CULPABA POR NO HABER REACCIONADO MEJOR DESPUÉS DE TODO YA SABÍA QUE NO ME ESTABA MURIENDO, pero el tema y el miedo era tan fuerte, que no bastaba con saberlo sino mucho más.

En fin quiero compartirles un poco o un mucho sobre cómo ha sido para mí estos ataques de pánico y de qué manera pude dejar de tenerles miedo al grado de no sentirme vulnerable jamás ante estos episodios que tienen que ver con estrés físico,mental y emocional acumulado por varios días, semanas o años.

Sé que mucha gente los ha tenido alguna vez en su vida y me extrañaría que alguien no haya tenido uno aunque sea una vez, pero también sé que hay gente que lidia con ellos de una forma más continua acompañados de emociones reprimidas que derivan en trastornos de ansiedad, espero pueda servir de algo comprender que no son “incurables” ni duraran toda la vida y se superar con tiempo y trabajo personal.

2018 zen

Mi primera vez

Tenía 16 años, estaba en el  CCH (preparatoria) y recuerdo haber ido a la escuela todo el día sintiéndome rara, dispersa, extraña, en este momento no logro describir que sentía porque era  muy joven y no lograba contactar con ese malestar a un nivel comprensible.

Entre las 11  y 12 del día, recuerdo sentarme en las jardineras donde me juntaba con mis amigos, era finales de enero o principios de febrero  y había un sol fortísimo que me incomodaba bastante.

Yo me senté con un amigo esperando que diera la hora para entrar a la clase de Taller de Lectura y Redacción III; y de repente el sol me empezó a lastimar la vista y la piel la sentía irritable, sentí que me faltaba el aire y empecé a temblar, sentí algo en el pecho y empecé  a entrar en pánico, además yo soy  muy expresiva y quise contenerme  para que nadie se diera cuenta que me sentía muy mal.

Quería llorar porque sentía  presión en el pecho, le dije a mi amigo que por favor me llavara a la enfermería porque me sentía mal, sólo pude decir eso y el corto camino a la enfermeria tenía la sensación de que podía desmayarme, este amigo como buen compañero  me llevó del brazo y me dejó con el doctor,  al verlo sentí alivio.

El doctor me revisó los signos vitales y por supuesto el pulso, trato de tranquilizarme era un viejito súper relajado y amable. El me dijo que tenía taquicardia ¿Taqui qué?, o sea ¿cómo?.

  • No te preocupes es tu pulso acelerado, pero si no tienes problemas cardíacos por lo que me dices, pues no debes preocuparte, es el estrés por la época de exámenes.

Dios, no creía eso y alegué que no era el estrés, porque yo no me estresaba por el examen, no me sentía nerviosa, es más de qué me hablaba. En fin descansé un rato en el consultorio y llamaron a mis papás para llevarme a casa a descansar porque yo no quería regresarme sola  a casa.

Mi papá fue por mí y yo no tuve palabras para explicar qué me había pasado, sólo  no me sentía bien, ahora estaba en shock.  Al llegar a casa lo mismo me ocurrió con mi mamá no supe qué decirle  y me llevó al doctor de la familia porque se lo pedí.

Antes de llegar al doctor, la luz solar  me irritaba y no podía abrir mucho los ojos, ahora tenía un nuevo síntoma y además nauseas repentinas,  tenía la sensación de estar mareada un poco ida no podía hilar bien las palabras, eso era horrible, pero la respuesta del doctor fue la misma es el estrés ¡No te preocupes! descansa, come bien, relájate. No hay de que preocuparse. Ojalá le hubiera hecho caso, en realidad no había de que preocuparse, pero el cuerpo avisa así que no es para nada malo.

Salí molesta confundida porque no me parecía estrés, ese día me quedé en casa, algunos amigos me llamaron para  ver ¿cómo estaba? y yo me sentía  ida, e incluso mi mejor amiga vino a verme y dijo que estaba muy distraída, así que me acosté en el sillón y dormí todo el día, fui presa de un cansancio brutal aunado de confusión y sensaciones extrañas.

Con los días recuperé mi energía pero durante varios días tuve la sensación de sentirme vulnerable ante el suceso, pasó el tiempo y el evento no se repitió  hasta años después.

No puedo contar todos los detalles porque es una historia larga pero me centraré en que volvió a ocurrir en otras ocasiones, siendo el 2017 uno de los años que más ataque de pánico tuve con síntomas más intensos.

He experimentado síntomas  como hormigueos, falta de aire, taquicardias, temblores,  molestia por la luz, presión en partes del cuerpo, sensación de frío o calor extremo, opresión en el pecho,  ataques de tos, visión borrosa que me duró más de 10 horas, desvanecimiento, sensación de muerte inminente (No todos juntos obviamente) y algunas sensaciones sólo ocurrieron una vez así que aprendí mucho sobre ellos.

Aclaro que fueron muchas las cosas que ayudan a superar los ataques de pánico, un trabajo personal e integral que abordó área mental, física y emocional es básico, dependiendo tu problema si son ataques constantes que van acompañados de depresión, ansiedad, insomnio, postrauma o algún otro tipo de problema de cualquier índole, pedir ayuda terapéutica me parece lo más recomendable, tener un apoyo profesional es básico para muchas personas para transitar el camino, es como ir de la mano con alguien, mientras sales del pantano en lo que llegas al jardín.

Pero la  más importante de todas las lecciones, que me ayudó a superar el temor a los ataques de pánico fue  dejar de resistirte y comprender la necesidad de parar tu resistencia y dejarte fluir con todo el vaivén de malestar, ya sabes qué es un ataque, los síntomas que conllevan, te empiezas a sentir mal e inmediatamente todos nos comenzamos a tensar más, pensamientos fatalistas por la mente y en menos de un minuto, más taquicardia, más síntomas, más miedo  y el pez que muerde la cola.

Esta la premisa la vi por primera vez en el año 2016 en el blog Desansiedad, donde Fabiola Cuevas, la psicóloga, fundadora del concepto,quien explica en su experiencia personal  dice  que dejar dejar de resistirte al ataque de pánico, significa dejar sentir todo ese horror de montaña rusa que tiene tu cuerpo, sin tensar el cuerpo, sin querer calmar, apagar o tapar los síntomas y vivirlo y aceptar que está ahí y que va pasar y confiar que tu cuerpo hace lo correcto para equilibrarse “no pasará nada malo” esa es la manera de superarlos, los miedos se superan enfrentándolos ¿no es así?.

Al final uno no podría superar el miedo a andar en bicicleta leyendo libros teóricos sino te montas a una.

Claro que no es fácil  y al menos en mi caso, me pasó exactamente lo que narra Fabiola Cuevas, quien tenía ataques de pánico y ansiedad y puso en marcha este “método”, al igual que ella me daban ataques de pánico en la noche me acostaba y trataba de respirar lo mejor que podía (no lo hice casi nunca con diafragma), y como me daba tanto miedo el asunto, no podía evitar tensar el cuerpo, me abrazaba a una almohada, repitiéndome mentalmente” todo está bien, todo está bien”, mientras me ponía en forma de feto por el miedo y dejaba que todo me viniera de golpe uno a uno los síntomas, así me duraban  de varios minutos a par de horas.

Fabiola propone que le digas tu cuerpo ok :¡Hazlo ya, bienvenidos sean los síntomas, mándame todo!.

A mí me sonaba aterrador hacerlo al principio me lo decía pero en realidad pero mentalmente era como no por favor, pero el año pasado lo hice, la intención de hacerlo no es parar los síntomas sino dejar tu cuerpo fluir toda la contención  de estrés emocional, físico y mental que está atrapado tal cual en ti tratando de liberarse por alguna parte, porque nuestro cuerpo está hecho para vivir en equilibrio.

“El ataque de pánico es la homeostasis pura, el intento de recuperar el equilibrio

Tuve momentos que sabía que ya vendría el ataque de pánico en las noches o que era muy probable porque ya era algo que se empezó a repetir constantemente  y lo mismo me alistaba, me preparaba mentalmente y bueno a veces me duraba la taquicardia más de una hora, las sensaciones variaban, se intensificaban, se relajaban y yo trataba de ponerme flojita, ya nadie en la casa se enteraba, como otras veces en la adolescencia que un ataque de pánico se enteraban todos en casa, buscaba  a mis papás para que me llevaran al hospital y si ocurrió tres veces o a mi hermano y me ponía  platicar como loca, una palabra tras otra porque sólo hablar me calmaba, o llamaba  a mi novio en ese entonces, a mis mejores amigas, a mi psicoanalista SIN IMPORTA LA HORA.

Estas veces lo hice sola, ya sabía que no tenía caso ir despertar a mis padres, o a mi hermano por muy terrorífico que fuera el asunto, no lograba relajarme hasta muchos minutos u horas después respirar no me salía hasta me dolía, pero qué caso tenía comunicarlo a alguien más.

 

No lo logré a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera sino como después de diez veces o más fueron como dos meses haciendo la práctica cuando venía el ataque que lo llegué a ver un poco rutinario , hasta que por fin dejó de dar miedo, eso significa que es un camino y que a cada quien le tomará tiempo distinto puede que sea pronto o no tanto, pero hay que insistir en dejarse llevar en confiar en trabajar mucho en lo que sientes, en tus creencias, en tus miedos, en lo que te está haciendo sentir mal, porque si tienes ataques de pánico hay algo que no te gusta realmente en tu vida y la invitación de tu cuerpo es regresar al equilibrio.

Yo lo entiendo así  ahora, quizá no a los 16, pero sí con 26 y sin duda alguna sé que es así.

 

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